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domingo, 23 de diciembre de 2018

Evangelio el Día Homilía Natividad del Señor


Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 9, 1-3. 5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo;
se gozan en tu presencia, como gozan al segar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga,
el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado:
lleva a hombros el principado, y es su nombre:
«Maravilla de Consejero, Dios guerrero,
Padre perpetuo, Príncipe de la paz.»
Para dilatar el principado, con una paz sin límites,
sobre el trono de David y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho
desde ahora y por siempre.
El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.


Salmo
Sal 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13 R.

Hoy nos ha nacido un Salvador: 
el Mesías, el Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo, 
cantad al Señor, toda la tierra; 
cantad al Señor, bendecid su nombre. R.

Proclamad día tras día su victoria. 
Contad a los pueblos su gloria, 
sus maravillas a todas las naciones. R.

Alégrese el cielo, goce la tierra, 
retumbe el mar y cuanto lo llena; 
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, 
aclamen los árboles del bosque. R.

Delante del Señor que ya llega, 
ya llega a regir la tierra: 
regirá el orbe con justicia 
y los pueblos con fidelidad. R.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito
 2, 11-14

Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 1-14

En aquel tiempo, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.Éste fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaba allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: 
«No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. »

Evangelio del Día 23 de Diciembre 2018


Primera Lectura

Lectura de la Profecía de Miqueas 5, 1-4a

ESTO dice el Señor:
«Y tú, Belén Efratá,
pequeña entre los clanes de Judá,
de ti voy a sacar
al que ha de gobernar Israel;
sus orígenes son de antaño,
de tiempos inmemorables.
Por eso, los entregará
hasta que dé a luz la que debe dar a luz,
el resto de sus hermanos volverá
junto con los hijos de Israel.
Se mantendrá firme,
pastoreará con la fuerza del Señor,
con el dominio del nombre del Señor, su Dios;
se instalarán, ya que el Señor
se hará grande hasta el confín de la tierra.
Él mismo será la paz».

Palabra de Dios

Salmo
Sal 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19

R/. Oh Dios, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

V/. Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.

V/. Dios del universo, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó, 
y al hombre que tú has fortalecido. R/.

V/. Que tu mano proteja a tu escogido, 
al hombre que tú fortaleciste. 
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre. R/.

Evangelio del Día

Proclamación de la Buena Noticia de Jesús según san Lucas 1, 39-45

EN aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a un a ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio de Hoy

No hay duda, tiene que ser ella —debía pensar el Padre al ver que María, nada más saber que su parienta Isabel esperaba un hijo en su vejez, se dirigía presurosa a la montaña para ayudarla. Dios no manda a su Hijo al mundo de vacaciones, sino a cumplir su voluntad. Y María parece hecha del mismo molde: no se detiene un momento para auto-contemplarse como elegida de Dios, sino que acude allí donde sabe que tiene que servir.

En las entrañas de Isabel, Juan salta de entusiasmo al notar la presencia de aquél a quien preparará los caminos y el corazón del pueblo para que le acojan como Mesías y Cordero de Dios. Isabel pone las palabras: María es bendita entre todas las mujeres porque ha puesto su vida en las manos de Señor, y todo lo que ha creído se cumplirá.

En puertas de las fiestas de Navidad, que son sin duda las más intimistas del calendario anual, la Visitación de María a Isabel nos invita a no reducir la Navidad a una retahíla de tradiciones hogareñas. Jesús ha venido a prender en el mundo el fuego del Espíritu, y cuenta también con nuestra fe manifestada en obras.

Lo primero que hace María, en cuanto Jesús ha fundido su presencia en la vida y en el ser de ella (inmediatamente después del anuncio angélico de la encarnación), es ir "deprisa" a visitar a Isabel. La presencia de Jesús, en un ser humano, impulsa a este al encuentro. El encuentro que acerca y une a las personas. El primer signo de la presencia de Jesús es el deseo de encuentro, de fusión, de diálogo, de alegría compartida. Donde estas experiencias y sentimientos están ausentes, no está Jesús, ni está el Espíritu de Jesús.

La preparación de la Navidad, tal como se suele gestionar y se acostumbra, se centra sobre todo en la comida y los regalos, en torno a la idea y el deseo de la familia que se reúne en esos días de vacación y disfrute. Por eso y como es lógico, el comercio, el negocio, la ganancia..., son los factores determinantes de las vísperas de Navidad. De ahí que la Navidad se ha convertido en una fiesta mundana, en la que lo que menos importa es el recuerdo de Jesús. Y lo que más interesa es pasarlo lo mejor posible.

Sucede ahora, además, que cuando más medios de comunicación tenemos, más incomunicados y solitarios vivimos. En los pueblos y aldeas todo el mundo se saluda. En las grandes ciudades, hay personas que viven muchos años en la misma casa, se encuentran con frecuencia en la escalera y ni se saludan. El saludo de María hizo saltar de gozo a Juan Bautista, en el seno materno. Nosotros hemos organizado la sociedad en la que es un hecho que hay mucha diversión, pero poco saludo de encuentro a fondo y de verdad.

Orar con el Evangelio

Vengo a hacer tu voluntad... 
Que se cumpla en mí tu palabra. 
Jesús y María, Hijo y Madre, 
tan parecidos en la disponibilidad 
a cumplir la voluntad del Padre.

Tanto que me cuesta a mí decir:
Padre, me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras...
¡Como si me diera miedo tu voluntad sobre mí!

¿Es que puedes querer
que me ocurra nada malo?

Ya sé que no, pero me da pereza
dejar de ser el centro de mi pequeño mundo,
perder el control de mis sueños
y dejarme llevar por el gran proyecto
que tú tienes preparado para mí
y para toda la humanidad.

Y me da miedo la cruz, que es el precio
de romper con el mal
que tiene al mundo encadenado.

Que tu Espíritu, Señor,
me mueva interiormente
para que decidido, feliz
y desprendido como María
pueda decir yo también:
estoy aquí para hacer tu voluntad.










viernes, 21 de diciembre de 2018

Evangelio del Día 22 de Diciembre 2018


Primera Lectura
Lectura del primer libro de Samuel 1,24-28:

En aquellos días, cuando Ana hubo destetado a Samuel, subió con él al templo del Señor, de Siló, llevando un novillo de tres años, una fanega de harina y un odre de vino. El niño era aun muy pequeño.Cuando mataron el novillo, Ana presentó el niño a Elí, diciendo: «Señor, por tu vida, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti, rezando al Señor. Este niño es lo que yo pedía; el Señor me ha concedido mi petición. Por eso se lo cedo al Señor de por vida, para que sea suyo.» Después se postraron ante el Señor.

Salmo
1S 2,1.45.6-7.8abcd R/. 
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador

Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación. R/.

Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía. R/.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece. R/.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria. R/.


Evangelio del Día

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 1,46-56

En aquel tiempo, María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Reflexión del Evangelio de Hoy

Proclama mi alma la grandeza del Señor

Los protagonistas de las lecturas de hoy son Ana, María y… también nosotros. Ana, fervorosa creyente, había llorado ante su Dios y Señor su esterilidad y le había suplicado le concediese un hijo con la promesa de conságraselo a él. El Señor escuchó a Ana y Ana cumplió su promesa, que es lo que nos relata la primera lectura. Ofrece su hijo al Señor: “El Señor me ha concedido lo que pedía; por eso yo también se lo cedo al Señor y quedará cedido al Señor mientras viva”. Ciertamente cabe destacar que para Ana Dios era Dios a quien había que rendir todo el corazón, a quien había que adorar, a quien había que amar.

María, la madre de Jesús, la madre del Hijo de Dios, la que después del “susto” inicial ante el anuncio del ángel Gabriel y haber aceptado la propuesta de Dios, “he aquí la esclava del Señor hágase en mí según tu palabra”, sospechamos que muchas veces su corazón quedaría rendido a Dios y le daría continuas gracias “porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”. El evangelio de hoy nos relata la expresión verbalizada de su agradecimiento al Señor. Es el conocido cántico del “Magníficat”, donde le da gracias, no solo por lo que le ha hecho a ella, sino por lo que nos ha hecho a todos nosotros, haciendo llegar su misericordia “a sus fieles de generación en generación”. Misericordia que llega también a “Israel, su siervo”. Y nos recuerda su postura ante los soberbios, los ricos, los poderosos, los humildes, los hambrientos…

Los terceros protagonistas somos nosotros. En este adviento y siempre, debemos imitar a Ana y a María en los aspectos destacados en las lecturas de hoy. Debemos imitar a Ana teniendo siempre a Dios como lo que es, nuestro único Dios y Señor, con lo que eso lleva consigo. Debemos imitar a María dando continuas gracias a nuestro Dios por las maravillas que ha hecho y sigue haciendo en nosotros, empezando por el regalo de su Hijo.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Feria de Adviento



Primera Lectura


Lectura del Libro del Génesis (49,1-2.8-10):



En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dijo:

«Reuníos, que os voy a contar lo que os va a suceder en el futuro; agrupaos y escuchadme, hijos de Jacob, oíd a vuestro padre Israel:
A ti, Judá, te alabarán tus hermanos,
pondrás la mano sobre la cerviz de tus enemigos,
se postrarán ante ti los hijos de tu padre.
Judá es un león agazapado,
has vuelto de hacer presa, hijo mío;
se agacha y se tumba como león
o como leona, ¿quién se atreve a desafiarlo?
No se apartará de Judá el cetro,
ni el bastón de mando de entre sus rodillas,
hasta que venga aquel a quien está reservado,
y le rindan homenaje los pueblos».


Palabra de Dios


Salmo

Sal 71,1-2.3-4ab.7-8.17



R/. En sus días florezca la justicia,
y la paz abunde eternamente.


V/. Dios mío, confía tu juicio al rey,

tu justicia al hijo de reyes,

para que rija a tu pueblo con justicia,

a tus humildes con rectitud. R/.


V/. Que los montes traigan paz,

y los collados justicia;

defienda a los humildes del pueblo,

socorra a los hijos del pobre. R/.


V/. En sus días florezca la justicia

y la paz hasta que falte la luna;

domine de mar a mar,

del Gran Río al confín de la tierra. R/.


V/. Que su nombre sea eterno,

y su fama dure como el sol;

él sea la bendición de todos los pueblos,

y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.



Evangelio

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (1,1-17):



LIBRO del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.


Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés engendró a Esrón, Esrón engendró a Aran, Aran engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.

David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.



Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce.



Palabra del Señor

sábado, 15 de diciembre de 2018

Tercer Domingo de Adviento


Primera lectura

Lectura de la Profecía de Sofonías (3,14-18a):

Alégrate hija de Sión, grita de gozo Israel;
regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén.
El Señor ha revocado tu sentencia,
ha expulsado a tu enemigo.
El rey de Israel, el Señor,
está en medio de ti,
no temerás mal alguno.
Aquel día dirán a Jerusalén:
«¡No temas! ¡Sión, no desfallezcas!»
El Señor tu Dios está en medio de ti,
valiente y salvador;
se alegra y goza contigo,
te renueva con su amor;
exulta y se alegra contigo
como en día de fiesta.

Palabra de Dios

Salmo

Is 12,2-3.4bed.5-6

R/. Gritad jubilosos,
porqué es grande en medio de ti el Santo de Israel. 

V/. «Él es mi Dios y Salvador: 
confiaré y no temeré, 
porque mi fuerza y mi poder es el Señor, 
él fue mi salvación». 
Y sacaréis aguas con gozo 
de las fuentes de la salvación. R/.

V/. «Dad gracias al Señor, 
invocad su nombre, 
contad a los pueblos sus hazañas, 
proclamad que su nombre es excelso». R/.

V/. Tañed para el Señor, que hizo proezas, 
anunciadlas a toda la tierra; 
gritad jubilosos, habitantes de Sión: 
porque es grande en medio de ti el
Santo de Israel. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses
 (4,4-7):

Hermanos:
Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos.
Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca.
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas (3,10-18):

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
«¿Entonces, qué debemos hacer?»
Él contestaba:
«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
«Maestro, ¿qué debemos hacemos nosotros?»
Él les contestó:
«No exijáis más de lo establecido».
Unos soldados igualmente le preguntaban:
«Y nosotros, ¿qué debemos hacer nosotros?»
Él les contestó:
«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».
Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».
Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.

Palabra del Señor

domingo, 2 de diciembre de 2018

I Domingo de Adviento


Primera Lectura 
Jer 33, 14-16

"Se acercan los días, dice el Señor, en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.

En aquellos días y en aquella hora, yo haré nacer del tronco de David un vástago santo, que ejercerá la justicia y el derecho en la tierra. Entonces Judá estará a salvo, Jerusalén estará segura y la llamarán 'el Señor es nuestra justicia' ".

Salmo Responsorial
Salmo 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14

R. (1b) Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Descúbrenos, Señor, tus caminos,
guíanos con la verdad de tu doctrina.
Tú eres nuestro Dios y salvador
y tenemos en ti nuestra esperanza. 

R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Porque el Señor es recto y bondadoso,
indica a los pecadores el sendero,
guía por la senda recta a los humildes
y descubre a los pobres sus caminos. 

R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Con quien guarda su alianza y sus mandatos,
el Señor es leal y bondadoso.
El Señor se descubre a quien lo teme
y enseña el sentido de su alianza. 

R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.

Segunda Lectura
1 Tes 3, 12–4, 2

Hermanos: Que el Señor los llene y los haga rebosar de un amor mutuo y hacia todos los demás, como el que yo les tengo a ustedes, para que él conserve sus corazones irreprochables en la santidad ante Dios, nuestro Padre, hasta el día en que venga nuestro Señor Jesús, en compañía de todos sus santos.

Por lo demás, hermanos, les rogamos y los exhortamos en el nombre del Señor Jesús a que vivan como conviene, para agradar a Dios, según aprendieron de nosotros, a fin de que sigan ustedes progresando. Ya conocen, en efecto, las instrucciones que les hemos dado de parte del Señor Jesús.

Aclamación antes del Evangelio

Sal 84, 8
R. Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.
R. Aleluya.


Evangelio
Lc 21, 25-28. 34-36

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación. Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre.