domingo, 6 de mayo de 2018

El Sufrimiento de una Madre – Reflexion



Estaba sola, a sus tiernos 17 años, ya sufría la traición y el abandono, era madre de un niño pequeño y llevaba otra criatura en su vientre.

Cuando perdió a su madre, ella no sabía oficio alguno, y ¿Quién la iba a emplear con un niño pequeño y otro en el vientre?

Qué difícil es conseguir el pan cuando se es joven y se está desamparada. Su niño le pedía comida y ella se desgarraba en su dolor.

Aquella tarde, con su gran barriga, fue a la iglesia; la enorme panza la dificultó arrodillarse, pero lloró con profunda tristeza, luego fijó su mirada en el Cristo crucificado y le dijo (pensando en el hambre de su niño, y en su propia hambre):

Señor, es realmente doloroso amar a mis hijos y sufrir por el hambre y el frío, no tenemos ni un techo seguro, ni una mano amiga, menos aún posibilidades para un empleo digno.

Te doy gracias por la vida que nos das, y te suplico que me des las fuerzas suficientes para salir adelante y dar la bienvenida a este nuevo bebé que está por venir.

Y por favor, te pido que nazca bien. Después de un momento de silencio, se levantó tomando de la mano a su pequeño hijo, fortalecida interiormente, decidida a seguir luchando por ellos.

Fueron tiempos difíciles, hubo días que no tuvo que hacer, otros en cambio lavaba ropa ajena, limpiaba alguna casa, o hasta los vidrios de los carros.

Cuando su niña nació, no tenía nada, fue echada del lugar en donde se alojaba, por falta de pago, y así, sin posibilidades de elección, se perdió.

Una esquina oscura fue el testigo fiel de una nueva mujer que se dedicaría al más antiguo de los oficios. Por amor a sus hijos.

Al principio fue difícil, pero sus niños necesitaban muchas cosas. Y así, sin lujos, pero con mucho amor, les dio siempre lo necesario, aún a costa de su propio sacrificio.

Los años pasaron y cuando sus hijos crecieron, ella, orgullosa de verlos ya casi convertidos en profesionales, pensó que se acercaba el tiempo de descansar.

Aún era joven, pero la vida que llevaba la había envejecido, y estaba enferma de tanto sufrir. Sería justo un cambio, sus hijos lo entenderían.

Eso pensaba ella, no sabiendo que una mala lengua, de ésas que no sienten vergüenza de clavar en los demás el dolor de sus puñales malintencionados, muy a su manera, le contó a la joven el pasado de su madre.

Esa noche, cuando en medio de sus pensamientos, volvía cansada a casa y las gruesas gotas de la tormenta caían en los techos de las casitas del barrio, la primera mirada que encontró al entrar fue la de su hija, quien al verla le dijo:

– ¡Vete, no quiero verte!

¡Hoy supe que eres una prostituta; vete porque no eres digna del amor de tus hijos!

¡Me das asco!

Ella no supo qué responder, sabía que un día lo sabrían, siempre lo temió y siempre pensó que la reacción de ellos no sería agradable.

Pero darles asco, eso no, esa palabra fue un puñal que se clavó en su alma, y corrió, corrió bajo la lluvia que parecía compartir con ella su dolor, derramando en su rostro un copioso llanto.

Cuando empezó a amanecer, ella lloraba aún sentada en un canal, varias cuadras lejos de su casa. De pronto, una cálida sábana cubrió su espalda y al volver, vio al mayor de sus hijos:

– Madre, toda la noche te he buscado; ven volvamos a casa.

– No -le dijo-, tu hermana me desprecia, no sé si tú ya lo sepas.

– ¿Saber qué? Yo sólo sé que te quiero, que eres mi madre. Nada que venga de ti me avergüenza. Tú no eres más que una mujer valiente que se enfrentó a la vida como pudo para dar de comer a sus hijos.

Esa mañana los hermanos pelearon como nunca, ante la angustiada mirada de su madre:

– ¡Que se vaya!

¿No ves que es una cualquiera?, ¿no te da pena su oficio?

A mí me da vergüenza que mis amigos sepan lo que ella es, y ya poco me falta para ser una profesional, no soportaría sus señalamientos. – Pues vete con tus amigos, que yo me quedaré con ella. Yo no me he olvidado de las veces que se sacó el pan de la boca para dárnoslo, y de las noches que veló junto a nuestra cama cuando estabamos enfermos.

Tú y yo no tuvimos padre porque nos abandonó, pero en cambio tuvimos una madre que todo nos lo dio, ¿o es que alguna vez te faltó algo?

Yo sólo sé que lo que soy se lo debo a ella.

Si tú la desprecias, vete tú, que yo la amaré por los dos.

Y así fue. Los días y las noches pasaron, y aquella muchacha que con ímpetu de conquistador salió de su casa, segura de sí misma, nunca se graduó, pero en cambio encontró el amor.

El amor traidor de un hombre que después de burlarse de ella aprovechándose de su inexperiencia, la abandonó; -como un día otro cobarde abandonara a su madre-, dejándola con un hijo en el vientre, sola como aquella a la que tan duramente había condenado, con hambre también, y en peor estado.

El remordimiento de la crueldad con que había tratado a su madre, vivía atormentada, había envejecido rápidamente. Por hambre y por remordimiento, volvió al hogar.

Entró a la casa (de la que aún conservaba las llaves); su hermano, la miró fijamente, pero no había en su mirada reproches, sino amor.

– Vengo -le dijo- a pedirles perdón a ti y a mi madre. A quien tanto hice sufrir.

El hermano bajó la mirada un momento, y luego le dijo:

– Sígueme. La joven lo siguió varias calles hasta llegar hasta un cementerio y allí, entre las primeras tumbas de la entrada, blanca se erguía la tumba de su madre.

-¡Nooo! gritó espantosamente, porque se le desgarró el alma, y llorando se tiró sobre la tumba, la besó y arañando el cementerio pedía perdón.

¿Por qué?, se preguntaba, ¿Por qué no pude ver a mi madrecita por última vez?, ¿Por qué no pude pedirle perdón de rodillas, besar su frente, velar su cuerpo? ¿Por qué te fuiste madrecita sin que yo te diera mi último adiós?

Allí, postrada sobre la tumba de su madre lloró el llanto más amargo de su vida.

El hermano, que a pesar del dolor conservaba la calma, le dijo:

– ¿Sabes? Hasta en el último momento te llamó.

Aquella noche de lluvia le hizo daño, le dio neumonía.

Pero no llores, ella nos ha perdonado a los dos, yo también fui culpable por no perdonarte, no te busqué aunque ella me lo suplicó muchas veces.

Y la deje consumirse de tristeza, extrañándote, llamándote.

Pero aún en su lecho de muerte, ella te bendijo y me pidió que si volvías te recibiera con los brazos abiertos, como ella lo hubiera hecho, y que de ahí en adelante fuéramos unidos y nos amaramos como siempre nos enseñó.

Ese día inicia hoy, hermanita, volvamos.

Los hermanos se retiraron lentamente y no pudieron escuchar que en la brisa suave que acariciaba sus frentes, su madre los bendijo por enésima vez.

Reflexión

La madre no es buena ni mala: ES MADRE

No nos toca a nosotros, como hijos, juzgar sus actos, porque es la propia vida la que con profundas heridas nos cobra el dolor que le hayamos causado.

Si aún conservas a tu madre, venérala como un ángel, y si ella te lastima, perdónala, pero jamás la señales, jamás la ofendas, jamás la desprecies ni te avergüences de ella, porque el llanto de remordimiento que has de llorar, es el llanto más amargo de tu vida.

viernes, 4 de mayo de 2018

Papá, escápate un ratito del cielo y ven a abrazarme – Reflexión


Hola Papá

Si, lo sé, qué te has ido y que yo estoy hablando a solas. Pero yo siento tu presencia muy clara y aun así veo tú cara sonriéndome.



Hace eco en mi mente la manera en que me llamabas… Y me acuerdo de ti, desde siempre, desde la infancia:

Yo estaba sentado en una silla, era domingo, había un rico almuerzo preparado por mamá.

El domingo el plato de espagueti era sagrado, y yo bebé que no llegaba a sentarme normalmente, tenía que estar sentado de rodillas, y así podía utilizar los cubiertos y succionar los largos filamentos de color rojo para la salsa.

Y me acuerdo de ti…

Las veces que me pedías acompañarte al trabajo los domingos, cuando yo pensaba que el domingo era un día de celebración y descanso, sin pensar que éramos 6 hijos y que trabajabas solo tú.

Vámonos, decías, y es como una penitencia para mí ir contigo y sentarme en una silla, verte mientras tú desempeñabas tu rutina.

Y yo no entendía…
Yo no entendía que tú me mantenías cerca de ti, y yo no entendía porque tú me querías a tu lado.

Y yo no entendía… Qué esa era tu forma de decirme que me querías

Pasaron los años…

Me hacía cada vez más independiente y me alejaba siempre más de ti
Y tu siempre buscabas agarrarme sin suerte
Y yo no entendía…

Los años pasaron, años llenos de aventuras, juegos y risas con los amigos, siempre listos en el aprendizaje de la vida.

Pero tú te alejabas siempre más.

¿Deberé aprender a entender? ¿Aprenderé a entender
¿Aprenderemos a entender?

¿A entender cuánto nos quieren nuestros papás en todas las maneras y expresiones que puedan ellos usar para decírtelo?

Y me acuerdo de ti…

Cuando te hablé de mi primera novia y sonreíste.

De cuando un día te dije que había terminado con ella y que te mantuviste serio y pensativo.

Y me acuerdo de ti en la cama del hospital pasando la noche a tu lado porque te operaban al día siguiente.
Y esa noche la hicimos día y platicamos, hablamos como dos amigos, dos personas necesitadas de comunicarse y de entenderse.

Y vuelan los pensamientos sobre los tantos años pasados y los recuerdos resurgen.

Me acuerdo cuando me llamaron del trabajo.
Mi mamá me dijo que habías tenido un infarto.
Con un nudo en la garganta le pedí permiso a mi jefe y cogí el primer tren y llegué para a estar a tu lado, otra vez sentado en una silla, y esta vez era yo que te estaba buscando, pero tu no me veías, luchabas inconsciente para permanecer vivo y te aferrabas a este mundo, a tu familia. Afortunadamente, eras un luchador y tuviste éxito.

Me acuerdo papá de tus vacíos de memoria y de la dificultad para recordar a tu familia.
Y yo para buscarte te platicaba de tiempos pasados, cuando eras más joven.
Historias que tú me habías dicho de ti y de allá en el pasado, te jalaba hacia el ahora recordándote que te habías casado, que tenias hijos y desde allí te regresaba a los tiempos de hoy. A veces funcionaba, otras veces no.

Porque aún así nos hacíamos un montón de risas, porque te recordaba las cosas que me decías acerca de tu infancia.

Era verano y pasamos las vacaciones en familia para estar cerca de ti.
Y recuerdo que un poco antes de despedirnos para volver al trabajo
nos preguntaste si nos encontraríamos para Navidad.
Ahora tengo un nudo en la garganta recordándome lo que te conteste: sí
¡Claro que sí!
Hubiéramos pasado una hermosa Navidad.

Me acuerdo Papá al recibir en octubre una llamada telefónica de mi hermana, Franca.
Como no tengo que recordar:
“Diego, Papá ha tenido otro ataque al corazón”.
Ahora mis lágrimas caen y mi visión se vuelve borrosa.
Te visitamos en el hospital, pero ya no reconocías a nadie. Tu cuerpo estaba con nosotros, pero quien sabe en cuales laberintos estaba vagando tu mente.

Me acordé de muchas cosas papá, mientras que la ambulancia te regresaba a la casa para el último saludo con los familiares y tomé tu mano fría tratando en vano de restablecer un contacto contigo.
Si Papá, me acuerdo de muchas cosas. Pero no me acuerdo de una sola. Y esto no me deja en paz y mi alma esta adolorida:
No recuerdo si alguna vez te dije que te quiero.
Hola papá, descansa, te quiero mucho ¿sabes?
Si grito, ¿desde dónde estás me escucharás?
Siempre estás en mi mente y siempre serás mi compañero de viaje por el tiempo que me quedará por vivir.
Ven papá, ¡acompáñame! 



jueves, 3 de mayo de 2018

Carta desde el Cielo.




Carta desde el Cielo.

No estés triste pensando en mí. Éste es un lugar realmente maravilloso y yo me encuentro feliz y totalmente en paz, no me duele nada.

Te escribo para que quites la tristeza de tu corazón y la oscuridad de tus pensamientos. Hay miles de ángeles aquí y son extraordinarios.

Me encanta verlos volar, y ¿sabes? Jesús no se parece a ninguna de las fotos que pintan de él. Aun así tan pronto lo vi lo reconocí en seguida, ¡sabía que era él!

Jesús me llevó con Dios y él habló conmigo como si yo fuese importante.

Ahí fue cuando le dije que yo quería escribirte una carta para despedirme de ti y decirte cómo me siento ahora…

Dios me dio papel y su pluma personal para que yo te escribiera esta carta y a través de un ángel hizo que te llegara.

Es difícil explicarte como me siento, pero lo que puedo decirte es que se siente bien estar acá, el sol brilla increíblemente y las nubes reflejan su luz provocando rayos hermosos por todos lados.

Aquí hay mucha gente como yo, también está la gente que hace mucho se me adelantó. Dios me dijo que te contestara una de las preguntas que le hiciste:

“Que ¿dónde estaba El cuándo yo lo necesitaba?”

Dios me dijo que estaba en el mismo lugar, conmigo como siempre.

Él nunca me ha dejado ni antes ni ahora y eso me regocija el alma, hoy puedo estar con Él por siempre y a cada instante.

Cada que me necesites solo necesitas cerrar los ojos y vibrarme, estoy junto a ti, te escucho, platícame en el silencio de tu alma… mira al cielo y ahí en un lugarcito estoy feliz, con mi sonrisa, esa que tanto te gusta.

Pero no estés triste por favor, YO ESTOY MUY BIEN. Tengo que devolverle la pluma a Dios, así que me voy despidiendo…

Celebra que puedes verme en cada acto de amor…

Soy solo eso, sencillamente amor.

Que tus lágrimas no te impidan ver las estrellas y cerrar tu alma, no te dejes apagar por favor, cuando más te ríes mas brillo, cuando mas sufres mas te abrazo yo.

Sé que me extrañas pero no pienses en cuando me fui, piensa en mí cuando estuve y en todo lo bello que pasamos, en todos esos sencillos momentos que nunca vamos a olvidar.

Hoy te digo adiós y no me busques en todos lados, no es necesario porque yo estoy ahí, en tu alma, cerquita de tu corazón, velando y orando por ti…

¡¡¡SIEMPRE!!!

Yo nunca me iré de tu lado mientras me recuerdes. TE AMO.

Carta de un Hijo a su Madre – Reflexión Cristiana



Ella dio un salto tan pronto vio al cirujano salir de la

sala de operaciones.

Ella dijo: ¿Cómo está mi pequeño?, ¿Estará bien?, ¿Cuándo lo
puedo ver?

El cirujano dijo: ‘Lo siento, hicimos lo que pudimos, pero
él no pudo.’

Sandy dijo, ¿Por qué a los niños les puede dar cáncer?

¿Será que Dios no los cuida más?, ¿Dónde estabas Dios cuando
mi niño te necesitaba?

El cirujano le preguntó: ¿Te gustaría un tiempo a solas con
tu hijo?

Una de las enfermeras estará afuera en un momento, antes de
que lleven al niño a la Universidad.

‘Sandy preguntó a la enfermera si podía quedarse con ella
mientras se despedía de su pequeño.

Ella pasó sus dedos amorosamente a través del cabello rizado y rojizo del niño.

¿Te gustaría mantener un pedazo de su cabello?, preguntó la enfermera.

Sandy asintió que sí. La enfermera cortó un pedazo de cabello, lo colocó en una bolsa plástica y lo entregó a Sandy.

La madre dijo: ‘Fue idea de Jimmy donar su cuerpo a la Universidad para estudio.

Él dijo que podía ayudar a otros…

‘Primero le dije que no, pero Jimmy dijo, ‘Mamá, no lo voy a usar más cuando muera.

Tal vez pueda ayudar a otro niño a pasar un día más con su mamá.

Mi Jimmy tenía un corazón de oro. Siempre pensando en los demás. Siempre queriendo ayudar a los demás si podía…

Sandy caminó afuera del Hospital por última vez, luego de haber pasado la mayoría de los últimos 6 meses allí.

Colocó las pertenencias de Jimmy en el asiento del pasajero.

El conducir al hogar fue difícil. Y más difícil entrar a la casa vacía…Cargó las pertenencias de Jimmy, y la bolsita plástica con su cabello hasta la habitación de su hijo.

Comenzó a colocar los carritos y las otras cosas personales de vuelta en el lugar exacto donde él las tenía en su cuarto.

Ella se dejó caer sobre su cama y abrazando su almohada, lloró hasta quedar dormida.

Era alrededor de la medianoche cuando despertó. Y colocada al lado de ella en la cama había una carta.
La carta decía:

‘Querida Mamá, Sé que me vas a extrañar; pero no pienses que yo te olvidaré, o dejaré de amarte, sólo no estaré físicamente alrededor tuyo para decirte ‘Te Amo’ .

Yo siempre te amaré Mamá, aún más cada día. Algún día nos volveremos a encontrar. 
Mientras tanto, si quieres adopta otro niño y así no estarás tan sola, eso estará bien para mí.

El podrá usar mi cuarto y mis viejos juguetes.

Pero, si decides adoptar una niña, a ella probablemente no le gustará jugar con las cosas de niños…

Tendrás que comprarle muñecas y cosas de niña, tú sabes…

No estés triste pensando en mí. Éste es un lugar realmente maravilloso…

La abuela y el abuelo me reconocieron tan pronto llegué aquí y me mostraron todo el lugar, pero tomará un largo tiempo verlo todo.

Los ángeles son extraordinarios. Me encanta verlos volar…

Y ¿sabes? Jesús no se parece a ninguna de las fotos que pintan de él. Aun así tan pronto lo vi, lo reconocí, sabía que era él…,

Jesús mismo me llevó a conocer a Dios ¿Y sabes qué mamá? Dios me sentó en su rodilla y habló conmigo, como si yo fuera alguien importante…

! Ahí fue cuando le dije que yo quería escribirte una carta para despedirme de ti y decirte cómo me siento ahora…

Pero yo creía que no se permitía. Pero, ¿sabes qué mamá? Dios me dio papel y su pluma personal para que yo te escribiera esta carta.

Creo que Gabriel es el nombre del ángel que te llevó esta carta.

Dios me dijo que te contestara una de las preguntas que le hiciste…

¿Dónde estaba él cuando yo lo necesitaba?

”Dios me dijo que estaba en el mismo lugar conmigo, como cuando Su Hijo Jesús estaba en la cruz’. 
Él estaba justo ahí, según está siempre con todas sus pequeñas criaturas…

Pero de todos modos, Mamá, nadie más puede ver lo que te he escrito… Sólo tú…

Para todos los demás, esto es sólo un pedazo de papel en blanco. ¿No es fantástico?

Tengo que devolverle la pluma a Dios ahora.

Él la necesita para escribir más nombres en el Libro de la Vida.

Esta noche voy a sentarme a la mesa con Dios para comer. Estoy seguro que la comida será sabrosa.

Oh, olvidé decirte… Ya no me duele más… Ya no siento ningún dolor… El cáncer se fue.

Estoy feliz porque puedo estar de pie y correr…sin sentir más dolor y así Dios no me ve angustiado y adolorido…

Por eso Él envió el ángel de la misericordia a rescatarme…

El Ángel dijo que era una entrega especial…

martes, 1 de mayo de 2018

Gracias por dejarme ser una “MADRE SOLTERA”.



Gracias por dejarme ser una “MADRE SOLTERA”.

DIRIGIDO PARA EL PADRE DE MI HIJ@:

Cuando te fuiste pensaste, que era la mejor decisión de tu vida, que dejabas todo lo malo atrás y te embarcabas en una nueva aventura.

Espero que así haya sido, que todo te haya salido como lo pensaste. Mientras tú salías de nuestras vidas, de la de tu hijo y la mía, pasé muchas noches en vela, llorando y pidiendo a Dios que volvieras.

Solo miraba a mi hijo y decía:

“Dios dame fuerzas, porque no podré sola”, día a día pensaba cual había sido mi error para alejarte de nosotros.

El tiempo ha pasado y el dolor terminó, hoy entiendo que si tomaste la mejor decisión, pero no para ti, si no para nosotros, comprendí que no merecemos a alguien como tú a nuestro lado, porque tú no sabes el significado de la palabra “Familia”.

Mientras tú estás solo, nosotros nos tenemos el uno al otro, en las buenas y en las malas, y cada día nos embarcamos en una nueva aventura.

Así como hemos llorado, también hemos reído. Tú no sabes lo que se siente que te despierten con un beso y te susurren:

“Te quiero mucho mami”.

Tampoco sabes la adrenalina que se vive al ver a mi hijo lograr algo nuevo, y la satisfacción al verlo aprender algo nuevo cada día.

Por creer que te embarcabas en una nueva aventura, te estás perdiendo las mejores aventuras de tu hijo y sobre todo los mejores momentos.

No te puedo negar que el miedo en mi está latente porque no soy perfecta y puedo cometer muchos errores con mi hijo, pero estoy completamente Segura que Dios no me deja, ni me dejará de su mano y como hasta ahora me ha dado las fuerzas para llevar los dos papeles de “PADRE Y MADRE”.

Lo seguiré haciendo hasta el último día, para poder hacer de mi hijo una persona de bien.

No te reprocho nada, porque con el hecho de estar solo, ya tienes Suficiente, sólo quiero agradecerte por no seguir a nuestro lado para arruinarnos la vida, por dejarme ser una “MADRE SOLTERA”.

Y así tener el amor de mi hijo solo para mí.

No te preocupes que no le hablaré mal de ti, pero tampoco bien por qué no mereces ni siquiera que mencione tu nombre, solo le diré lo que necesite saber.

De ti depende la constancia que tengas en la vida de mi hijo y cómo te vea.

El “Respeto” te lo ganas tú, no se lo puedo imponer yo.

Que Dios te bendiga y que la vida te de lo que te mereces y te has ganado a pulso con tus acciones, porque nosotros escribimos nuestro propio destino y recibimos lo que damos.

Espero que aún sigas pensando que tomaste la mejor decisión de tu vida…

Orgullosamente: MADRE SOLTERA.


¡Este mes va a ser fantástico!

¡Eleva los brazos al cielo 
y da gracias a Dios por el 
nuevo mes de mayo que ha llegado, 
por tus logros y aciertos, por tus alegrías y tristezas!
 ¡Este mes va a ser fantástico!


Pon tu confianza en Dios

Pon tu confianza en Dios, 
El pondrá en ti lo que necesites.
Feliz Miércoles


Dios resolverá lo que necesites,

Dios resolverá lo que necesites, 
hoy será un día de paz y tranquilidad. 
Di amén, si lo crees.


Feliz Día del Trabajador!

Trabajando se construye un
mundo mejor!
01 de Mayo
Feliz Día del Trabajador!



Día del Trabajador (Una Bonita Reflexión)


Había un rey que deseaba edificar un gran palacio y encargó su contrucción a su hijo más querido, que era un “vivo” (caradura).
Le pidió que se reuniera con los arquitectos, que hiciera los planos del palacio de sus sueños que hiciera cálculos y luego le entregó la suma de dinero necesaria.

El hijo pensó:
– Construiré el palacio con materiales malos (muy muy malos, de cartón-piedra, como de falla) y el dinero que ahorre me lo gastaré en fiestas… En realidad no importa si el palacio se cae en poco tiempo: echo la culpa al arquitecto y en paz…

Cuando lo hubo acabado se presentó a su padre y le dijo:
– Padre, el palacio que me mandaste construir ya está hecho y todos los dineros gastados. Puedes disponer de él cuando gustes. Y le dio las llaves. Le llevó a verlo de lejos y parecía bonito de verdad, pero no se acercaron, por que todavía no estaban construidos los accesos…

El padre, feliz por contar con tan buen hijo y tan diligente, le devolvió las llaves y le dijo: 
– Hijo mío, el más leal y querido de mis hijos: te entrego este palacio que es el que has construido con el sudor de tu frente, en todos estos años. Es mi herencia para ti.

Moraleja: El porvenir es fruto de nuestro esfuerzo personal. Lo que tenemos es lo que nos ganamos, muy lejos de la cultura del “pelotazo”.

Y ahora proponemos una genial reflexión sobre el esfuerzo personal y la lucha interior en consonancia con esta anécdota…

Nadie…
Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación ni alcanza la altura con un solo vuelo. 

Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces…

Nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en un barco sin temerle a la tormenta, ni llega a puerto sin remar muchas veces.

Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir espinas.

Nadie hace obras sin martillar sobre un edificio, ni cultiva la amistad sinr enunciar a sí mismo/a …

Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar.

Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.
Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible.

Nadie conoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir.

Nadie deja de arder con fuego dentro de nadie.

Nadie deja de llegar cuando en verdad se lo propone.